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Voluntariado internacional

Recursos y materiales del Centro de Referencia sobre Voluntariado para la gestión, formación y coordinación europea del voluntariado.

Cómo gestionar el relevo generacional en juntas directivas de ONG

El relevo generacional en las juntas directivas de las ONG es una cuestión de sostenibilidad, gobernanza y legitimidad. No se limita a sustituir a quienes dejan su cargo: implica preservar la memoria institucional, incorporar nuevas capacidades y asegurar que la organización siga conectada con las comunidades a las que sirve.

Las entidades sociales suelen afrontar este proceso cuando una presidencia o varias vocalías han permanecido durante muchos años en manos de las mismas personas. Esa continuidad puede haber aportado estabilidad, aunque también puede dificultar la entrada de perfiles jóvenes, profesionales con experiencia sectorial y representantes de colectivos diversos.

Una transición bien gestionada requiere anticipación. Si la junta solo aborda el cambio cuando aparece una dimisión, pierde margen para identificar candidaturas, preparar responsabilidades y explicar las decisiones a la base social. La planificación debe formar parte de la política de gobierno y del calendario ordinario de la organización.

También conviene entender el relevo como una oportunidad de aprendizaje compartido. La experiencia acumulada por los miembros salientes puede combinarse con nuevas perspectivas sobre participación, digitalización, financiación ética, voluntariado internacional y rendición de cuentas.

Diagnosticar la situación de la junta

El primer paso consiste en conocer la composición actual del órgano de gobierno. Edad, permanencia en el cargo, competencias, disponibilidad, diversidad territorial y vínculo con los programas ofrecen una fotografía útil. Este diagnóstico debe realizarse con sensibilidad, sin convertir la edad en el único criterio ni presentar a las personas veteranas como un obstáculo.

Es recomendable revisar los estatutos, los límites de mandato y las normas electorales, pero también observar las prácticas informales. A veces la renovación está permitida jurídicamente y, sin embargo, la cultura interna favorece que las mismas personas continúen. Una conversación facilitada por alguien independiente puede ayudar a detectar bloqueos, expectativas y posibles sucesiones.

La evaluación debe incluir las necesidades futuras de la ONG. Una organización que amplía su trabajo humanitario puede requerir conocimientos de gestión de riesgos; otra que fortalece su acción comunitaria quizá necesite representantes con experiencia en participación ciudadana. El perfil buscado debe responder a la estrategia, no solo a la disponibilidad de candidatos.

Crear una cantera de liderazgo

La captación de futuros miembros no debería comenzar cuando queda una vacante. Las ONG pueden identificar personas con potencial entre voluntariado, equipos técnicos, entidades aliadas, órganos consultivos, socios locales y redes europeas. Es importante explicar con claridad qué implica formar parte de una junta: responsabilidades legales, tiempo requerido, preparación de reuniones y deberes de confidencialidad.

Un programa de acompañamiento facilita que quienes se incorporan comprendan la misión, los estados financieros, las políticas de protección y los mecanismos de toma de decisiones. La participación como observadores en reuniones, la asignación de una persona mentora y la rotación por comisiones permiten conocer el funcionamiento real antes de asumir una responsabilidad formal.

La cantera será más sólida si la organización elimina barreras de acceso. Horarios previsibles, documentación legible, reuniones híbridas, compensación de gastos y formación básica en gobernanza pueden atraer a perfiles que no disponen de redes tradicionales de poder. La diversidad generacional debe vincularse a una diversidad social más amplia.

Transferir conocimiento sin inmovilizar la organización

La salida de una persona con muchos años de trayectoria puede provocar pérdida de contactos, criterios históricos y aprendizajes difíciles de encontrar en los archivos. Para evitarlo, conviene documentar decisiones relevantes, acuerdos con financiadores, protocolos y antecedentes de conflictos. Las entrevistas de salida también permiten recoger conocimientos tácitos.

La transferencia debe tener una duración definida. Un miembro saliente puede actuar como asesor temporal o participar en sesiones de traspaso, pero sin conservar una autoridad paralela que limite a la nueva junta. La claridad en las funciones protege tanto a quienes dejan el cargo como a quienes lo asumen.

La memoria institucional también incluye la dimensión humana del servicio. En momentos de cambio, algunos equipos necesitan espacios de escucha, reflexión y cuidado. Para quienes integran organizaciones con una fuerte motivación espiritual, recursos como este espacio de oración pueden acompañar procesos personales sin sustituir la planificación ni la supervisión profesional.

Diseñar una incorporación responsable

La bienvenida debe ir más allá de entregar estatutos y actas anteriores. Un itinerario de incorporación puede incluir una sesión con la dirección, reuniones con responsables de programas, revisión del presupuesto, formación sobre protección frente a abusos y una explicación de las relaciones entre junta, equipo ejecutivo y voluntariado.

Cada nuevo miembro necesita saber qué decisiones corresponden al órgano de gobierno y cuáles pertenecen a la gestión diaria. Esta distinción reduce la microgestión y evita que la experiencia profesional de una persona se convierta en una intervención constante sobre el trabajo operativo. La presidencia tiene un papel decisivo al ordenar los debates y distribuir la palabra.

Recursos para preparar la transición

  • Mapa de competencias actuales y futuras
  • Calendario de mandatos y posibles vacantes
  • Manual de bienvenida para nuevos miembros
  • Registro de contactos y decisiones clave

Prácticas para fortalecer la participación

  • Mentoría entre miembros entrantes y salientes
  • Evaluación anual del funcionamiento de la junta
  • Reuniones accesibles y documentación anticipada
  • Formación en gobernanza, ética y protección

Medir la renovación y ajustar el rumbo

La renovación no se mide únicamente por el número de personas jóvenes incorporadas. También importa si la junta debate con mayor calidad, representa mejor a su base social, comprende los riesgos de la entidad y mantiene una relación equilibrada con el equipo profesional. Los indicadores deben combinar datos cuantitativos y valoración cualitativa.

Cada año puede revisarse la edad media, la duración de los mandatos, la diversidad de perfiles, la asistencia, la participación en comisiones y el acceso a formación. Una encuesta confidencial ayuda a conocer si las personas nuevas se sienten escuchadas y si las veteranas perciben que su experiencia ha sido reconocida.

El proceso necesita respaldo de la presidencia, pero no puede depender de una sola figura. La comisión de nombramientos, la asamblea y la dirección ejecutiva deben compartir responsabilidades, respetando sus competencias. Así, el relevo generacional se convierte en una práctica permanente de buena gobernanza y no en una reacción ante una crisis.